miércoles, 23 de noviembre de 2016

Al olvido lo sustituye un ¡yo qué sé!.

                                Manuel Silva García / Manuel Silva Fernández (Manuel da Roura)

  .- Publicado por Manuel Silva García (17/11/2016).-

BUSCANDO EN EL BAÚL DE LOS RECUERDOS, UN POEMA DE MI PADRE DEDICADO A SU ABUELO (paterno) ENTERRADO EN CUBA.

(Mi padre, Manuel Silva Fernández, a quien bautizamos mi hermano Antonio y yo "El poeta de Louro", por un lado, porque ese era uno de sus oficios y, por el otro, porque si había un lugar en el globo terráqueo que lo desvelaba era ese pequeño pueblo situado a la entrada de la Ria de Muros, en esa provincia de A Coruña, en la Costa da Morte, ese Louro que dejó atrás prácticamente saliendo de su adolescencia, primero haciendo el servicio militar en la marina donde sale graduado de suboficial y radiotelegrafista, luego en barcos mercantes donde incluso en uno de ellos "el Delphos", barco griego en el cual navegaba, fue echado a pique por un submarino alemán  frente a las costas de Inglaterra y refugiado en el Metro de Londres. A partir de allí y tras su paso por Canarias, donde conoce a mi madre, Elena, inicia su travesía a la América para radicase en Venezuela hasta el fin de sus días.
Siempre nos contaba que, por lo menos, desde mi bisabuelo, de quien hoy presentamos este poema de papá, el primer hijo varón lleva el nombre de Manuel (Manolo, como diminutivo), y así ha venido sucediendo, terminando prácticamente con mi hijo varón, quien, hasta este momento, es el feliz padre de dos hermosas niñas.
Mi bisabuelo Manuel, desde muy joven, se fue a Cuba y sólo sabemos que está enterrado en Sagua La Grande, población de Villa Clara.
A  continuación el poema de mi padre, quien escribía con el seudonimo de Manolo Da Roura:

EN MEMORIA DEL ABUELO MANUEL (Muerto en Cuba)
___________________________________________

Cuando nos acercamos a la sombría tumba
hombres y mujeres, que vienen a ser lo mismo,
entramos en el reino del abismo,
porque todo lo que somos se derrumba.

Poco a poco desaparece el haber sido
y se va resquebrajando el pensamiento
en un vago y difuso sentimiento
de ser sólo una cosa sin sentido.

Este no ser, que para nada importa,
me obliga a soñar lo que no soy,
no saber de dónde vengo, a dónde voy
y ojalá que la desdicha sea corta.

Qué más da que sea escrito o sea hablado
el recuerdo del deudo o del vecino,
si siempre estará la fosa en el camino
esperando al infeliz para olvidarlo.

A nuestro viejo enterrado en cubano suelo,
ninguno de sus deudos lo recuerda
y lo que ha sido un hombre se hizo tierra,
sin un sólo vestigio por consuelo.

En Cuba nos queda, pues, un no sé qué,
un puñado de raíces no sé dónde,
una pizca de polvo que, siendo hombre, 
agarró la maleta y se nos fue.

Y porque nadie se acuerda de su nombre,
al olvido lo sustituye un ¡yo qué sé!.

(Manuel da Roura)
_______________________________

 COMENTARIOS AO TEXTO:

Manuel María Pena Silva .- Despois de terlle roubado o texto ao meu curmán, Manuel Silva, para pegalo nesta páxina, permitinme engadirlle este comentario que tamén comparto convosco ao pé da letra: "Se te olvidó, Manuel Silva, un pequeño y, sin embargo, muy significativo detalle: el de contar que tu abuelo, Manuel Silva Balayo (el ancestro que nos legó el apellido Silva), no bien cumplidos sus catorce años, acompañó, desde Galicia, a su padre (nuestro bisabuelo común), en el que sería su último y definitivo viaje a Cuba, y allí, recién arribados los dos, el todavía niño-adolescente hubo de vivir la terrible experiencia de quedarse huérfano en tierra tan lejana. Este hecho no es un asunto de naturaleza menor y, ciertamente, ayuda a comprender mejor nuestra intrahistoria familiar y el carácter de todos y cada uno de los miembros que la conforman."

Manuel María Pena Silva .- Dou por suposta a vosa ben probada paciencia e o voso tácito permiso para colgar, literalmente, aquí os post seguintes; pois xúlgoos de interese en relación co que, arriba, foi publicado e tamén comentado: "Manuel Silva García.- "No es un pequeño detalle mi acucioso primo Manuel María, es un detallazo que no se me olvidó sino que no lo conocía pero, para eso estas tu con tu inmensa hemeroteca y prodigiosa memoria además siendo el mayor de los nietos de mi abuelo y sobrino-ahijado de papá y haber tenido una larga relación durante años de intercambio de correspondencia con mi viejo, entiendo tu extrañeza de mi desconocimiento. Solo que, repito, no fue ex-profeso simplemente no conocía el dato, te invito pues dado tu preocupación porque el asunto no sea de naturaleza menor a que publiques tus interesantisimas y bien documentadas historias del poeta de Louro que seran enriquecedoras y bienvenidas por estas vías."
...
Manuel María Pena Silva .- "Sin haberte solicitado el correspondiente permiso, me tomé la licencia de trasplantar este artículo a EU SON DE LOURO, en donde, a modo de comentario, también incluí la acotación (la mía) que es objeto de nuestra consideración ahorita. Pero por desgracia, y como la perfección y la memoria no siempre acuden con puntualidad en mi auxilio ni me obedecen, resulta que pasé por alto (¡imperdonable!) el hecho cierto de que el bisabuelo, sembrado entonces en Cuba de forma tan inopinada, inoportuna y dolorosa, era analfabeto funcional y, al llevarse consigo a su hijo (que sí sabía leer y escribir) tendría, mediante él, garantizado el vínculo comunicacional y económico con su esposa e hijos, que eran unos cuantos. Tenemos, pues, acto continuo, a nuestro abuelo, Manuel Silva Balayo, solo, dejado de la mano de dios, sacando fuerzas de flaqueza, convertido en prematura adulto, buscándose la vida y construyendo esa recia personalidad que nos llena de orgullo. Por todo ello, para salvar del anonimato, para hablar del bisabuelo confundido con la tierra cubana, recordarlo así y honrarlo compromete también a dar un paso más y ser ecuánime y sentirse orgullosos de aquel viejo inteligente, irónico, inclusive sarcástico, y, hasta cierto punto, cultísimo, que nos enseñó el camino de la disconformidad y de la protesta, frente a cualquier opresión, frente a toda injusticia. Yo creo, estoy seguro, que ambos, sin lugar a dudas, sin saberlo, triunfaron."
                   

viernes, 1 de noviembre de 2013

De paseo por Monte Louro

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sábado, 22 de junio de 2013

FIN DE CURSO EN FILGUEIRA.



Despedida de curso por todo lo alto en Louro

La comunidad escolar del colegio Agra de Filgueira de Louro celebró ayer la clausura del curso con una gran fiesta popular, en la que además de los alumnos, los profesores y los padres y madres de los escolares, participaron otros vecinos de la localidad. Hace ya varios años que el claustro de profesores del centro, que dirige, Irene Formoso Lago, pretende hacer partícipes a todos los vecinos de la actividad docente en el centro. Por ello, no solo a final de curso, sino también en otras épocas como Navidad y Semana Santa, se organizan una serie de actos culturales, lúdicos y festivos, en los que se invita a participar a todos los vecinos.
La ANPA viene colaborando muy activamente en cuantas iniciativas se programan desde del colegio, e incluso proyectan actos organizados, dirigidos y costeados por el colectivo de progenitores de los alumnos del colegio.
En esta ocasión, la jornada de puertas abiertas comenzó con la recepción de los invitados que junto con los niños, asistieron a una amena exposición de la labor literaria realizada por dos escritores de la localidad: Manuel María Pena y Marcelino García. Posteriormente, Juan Fernández, mostró a los niños algunos de los inventos que ha patentado. Todos los asistentes siguieron con interés las exposiciones, y mismo formularon a los ponentes diversas preguntas, sobre la actividad realizada por cada uno de ellos.
Después de un pequeño receso, se presentó en el colegio una obra de teatro, protagonizada por escolares. Antes de comer, niños y mayores se enfrascaron en juegos populares, y otras más novedosos, actividad que se interrumpió para degustar un suculento aperitivo, compuesto por diversos menús aportados por las familias y el ANPA. Como sobremesa, intervinieron las pandereteiras de Ximiela, agrupación a la que ya pertenecen varios escolares. Entre cante y baile llegó la hora de las exhibiciones deportivas. Como fin de fiesta intervino el Mago Bernardino.


domingo, 7 de octubre de 2012

Incumprimento.



          Por M. da Roura.

Acórdome moi ben que me dixeches
que mo habías de dar tralo muíño,
Pero quedaches dormida e non viñeches,
porque non te vin pasar polo camino.

E foi tanto o mal que lle fixeches
á miña adoración, ao meu cariño,
que quedei por alí botando pestes,
trala túa ventana aghochadiño

Daquel, mozo, bo mozo, que tiveches,
daquel mozo queredor e tan boíño
no sabes ti aínda o que perdeches:

E porque cho pedín e non mo deches
cando te encontrei soa no camiño,
heiche de dar o apretón que non quixeches.




miércoles, 3 de octubre de 2012

Don Emeterio Goyenechea.


Don Emeterio Goyenechea.
                                           M. da Roura.

El almacén de Emeterio estaba situado, y supongo que aún está, a menos de treinta metros poco más o menos de la carretera que, pasando por Louro, llega a Muros (Carretera de Abaixo). La pared del almacén más cercana al mar quedaba a sólo unos pasos de la orilla, sobre todo cuando se producían mareas llenas y, con más razón,  mareas vivas.

Desde donde comienza el terreno rocoso que termina en la playa de Goday hasta el Espadanal, dieron en llamarlo Playa de San Francisco, quizás por su cercanía al convento de franciscanos o, ¡quién sabe! , porque los “coristas” tenían allí, en unas rocas aisladas, su baño particular, más discreto y pudoroso. Había que guardar las formas.

Por muchos años fuimos nosotros, los hijos de Louro, los únicos beneficiarios de toda aquella extensa playa. Nadie nos la discutió. Ni turismo organizado y multitudinario, ni circunstancial. Las clases medias de Muros, un tanto beatonas, solamente frecuentaban el convento. Por aquellos tiempos las desnudeces públicas en la playa tenían sus detractores, usuarios y abstencionistas.
La playa de San Francisco tuvo tres nombres más, aparte del primigenio: Playa de Emeterio, Playa de Chiquillo y Playa de Conachea. Cuatro nombres para una sola playa y los cuatro fueron aceptados  y usados indistintamente durante muchos años.

El exceso de nominaciones que se le dieron a este espacio de terreno en la misma época y sin que un nombre excluyera a los demás resulta extraño y, sin embargo, así ocurrió. Louro es el único pueblo colindante con la playa aludida y fue, asimismo, quien la usó y la gozó, aprovechando todas las posibilidades que ofrecía, sobre todo en los, desafortunadamente, cortos veranos. ¡Tiempos aquellos!

Allí no había turistas, quitasoles, sillas extensibles, toallas, cremas, gafas obscuras ni el gritico cursi cuando la ola alcanzaba nalgas temerosas… Sólo niños con el pipí al viento, absolutamente desinhibidos, se bañaban, jugaban con una pelota o se lanzaban nadando mar adentro para demostrar su valentía o su destreza…

Regreso al cuento: En aquel almacén se había establecido años antes un señor vasco llamado Emeterio Goyenechea. Este empresario, casado y con una hija ya mayor, trajo de su tierra una manera de trato y de lenguaje que no necesariamente concordaba con lo que escuchábamos en otras personas no gallegas.

En su castellano, ciertos modismos, giros, acentos, etc., llamaban la atención del nativo, en particular del niño y del adulto con poca o ninguna preparación y mundología. Parece que, ocasionalmente,  Don Emeterio, dirigiéndose a los niños o aludiéndolos, les llamaba “chiquillos”; en vez de niños, pequeños, muchachos, etc., decía “chiquillos”. Palabra esta que, si bien la conocíamos,  no la usábamos y nos sonaba chocante. Esto fue la causa de que la playa comenzara a llamársele Playa de Chiquillo, así como al pinar y a la fábrica.

Algo parecido pasó con la palabra Goyenechea. Este apellido vasco de toda vasquedad, no era precisamente fácil y digerible y, para nosotros, resultaba raro y dificultoso.  Un vecino chistoso, y un tanto sinvergüenza, cambió un día el apellido de Don Emeterio y lo nombró con la palabra “Conachea” y … ahí se quedó: Don Emeterio de Conachea, la playa, el almacén y el pinar de Conachea.

Don Emeterio pasó a ser simplemente Conachea: Una palabra compuesta, inventada por algún imbécil y que tuvo éxito inmediato. Se impuso. Para el no gallego, la palabra “conachea” no tiene significado alguno, no dice nada, pero para el criado en Galicia sí lo tiene, sino escatológico, picante y desvergonzado, amén de su no frecuente estructura gramatical: nombre y adjetivo juntos.

De este error o no error, que cometió no sé quién y que rápidamente se extendió por la aldea, el almacén, el pinar, la playa y Don Emeterio adquirieron un nuevo y no muy agradable nombre: Conachea. Aun recuerdo con desagrado y tristeza los gritos de los niños, quienes, en grupo, pasaban (¡pasábamos!) corriendo por la puerta del almacén de don Emeterio gritando: -¡Conachea..! ¡Conachea..!

Los niños son a menudo crueles y no saben ni pueden dominar los instintos que con demasiada frecuencia los empujan a golpear y herir al indefenso. Y Don Emeterio lo era.

A veces pienso en aquel viejo vasco, Don Emeterio Goyenechea, quien ya retirado y no precisamente rico, estaba obligado a soportar insultos de niños a quienes jamás hizo daño. Me figuro  al hombre, sentado en la sala al lado de su esposa María, crispándose, indefenso, cuando oía las voces, a veces no tan infantiles, gritando: -¡Conachea! ¡Conachea!...

 Don Emeterio no conocía el significado, pero sabía bien que aquellos gritos le iban dirigidos. A él precisamente, quien jamás hizo daño a nadie. ¡Cosas veredes!              



sábado, 14 de julio de 2012

CUANDO NOS ENCONTREMOS


M. da Roura.                                                                                                               
                     

Cuando  nos encontremos en la altura
Ocultarás tu rostro entre mi barba,
Enlazaré mi brazo en tu cintura
Y sentirás amor frente a tu cara.

Rodeados por celajes de ternura,
Buscaremos remanso de la calma,
 Hipotético el cuerno de la luna,
Habrá, sólo entre dos, una mirada.

No sentir el dolor ni pena alguna
Ni cosa que lastime, ni habrá nada
Que maltrate, que hiera y nos desuna.

Cambiantes las facetas de la Luna,
Bajo la noche obscura y moteada
Florecerán querencias, una a una. 

                                                    (Manuel Silva Fernández)


sábado, 19 de mayo de 2012

PENACHO DE PERICO Y LA SEGUNDA REPÚBLICA



PENACHO DE PERICO Y LA SEGUNDA REPÚBLICA

    Por  M. de Roura.

14  de Abril de 1931. Peregrino Louro (para todo el mundo, Penacho) tendría para aquel entonces unos trece o catorce años. Era alto, flaco, huesudo y desgarbado.
Siempre con la misma ropa remendada y sucia, la boina agujereada y las alpargatas rotas. Si alguna vez mudaba de vestimenta, no se notaba. Siempre parecía la misma.
Penacho era uno de los muchos hijos de una viuda que quizás por cansancio o porque el muchacho resultó incorregible, jamás lo mandó a la escuela ni lo puso a trabajar. Penacho fue creciendo, correteando por entre las casas y corredoiras loureanas, ajeno a todo sentido de responsabilidad para consigo mismo y para con los suyos. De vez en cuando se arrimaba a puertas que consideraba propicias y, sin la menor timidez, reclamaba comida. A veces le daban borona, otras una taza de caldo y…poco más. No era raro que, tras la dádiva, se escuchara el desagradable: “¡Anda!, ¡vai traballar!”. Tampoco faltaba el “vai á merda”, pero ya Penacho estaba acostumbrado y no se enfadaba. Penacho vivió de milagro y, de tal manera se adaptó, que lo circunstancial se convirtió en norma.
El flaco y harapiento Penacho, durante tres o cuatro años, fue mi jefe. Y lo fue también de todos los niños que, como yo, frecuentaban la "Eira dos Marcos" y cuya edad no excedía los diez años. En tal sentido, Penacho era cuidadoso: En su cuadrilla no había lugar para niños cuya edad o tamaño constituyeran un peligro a futuro para el legítimo jefe, ¡faltaría más!.  Porque, ahí, precisamente  en esa jefatura conseguida a pulso y por méritos propios, tenía Penacho asegurada, si no la dieta diaria, una buena parte de ella: El “vai á túa casa e tráesme un anaco de boroa e, se non ma traes, non xogas”, podía reforzarse  con un: ademais douche una hostia”. Penacho excluía también de su grupo a todo niño que tuviera hermanos mayores, padres con mala leche o madres demasiado sensibles. En algunos casos, el hombre había sufrido agresiones  que no sólo dañaron su cuerpo sino que su prestigio de caudillo quedó malparado. Era, pues, necesario conocer bien a su tropa y, por supuesto, autoconocerse para actuar en consecuencia, o no actuar. La vida, gústenos o no, es compleja e imprevisible y, para vivirla con cierta normalidad, es necesario saber hasta dónde se puede llegar. Sólo el tonto se lanza al vacío sin alas que lo sostenga. En tal sentido Penacho era consciente de sus carencias.
La más notoria, por supuesto, estaba en sus escasas ganas de trabajar y ganarse la vida. La monserga que todos los padres aconsejan, casi siempre sin éxito, sobre el trabajo honesto y la honradez, nunca entró en el cerebro de Penacho. En tal sentido, las puertas de la razón y de la lógica las tenía cerradas a cal y canto… De trabajar: ¡Nada!.
En la tarde del día catorce de Abril de 1931, llegó Penacho a la "Eira dos Marcos". Llegó alterado, corriendo y gritando: “¡Hai república!, ¡me cagho no carallo!, ¡hai república!. “Botaron ao Rei e puxeron una república…” …”Bueno, replicó uno de los niños: “E esa república  que é?”. “Para que serve?”. “Bueno, eu non sei que é nin para que serve, pero agora mesmo eu podo matarte, e non me fan nada. “Agharro un pau, rómpoche a cabeza, quedas morto no chan e voume tranquilo para a miña casa”. “Si”, dijo irónicamente otro. “¡Como non! O meu pai vai deixar que me mates e que te vaias tranquilo…Cólleche polo fondillo e métache no cu a túa república”…Penacho calló y su desilusión fue visible. El razonamiento del compañero tenía lógica.
Lo que aquí estoy expresando, palabras más palabras menos, lo oí hace muchísimos años, allá en una esquina de la "Eira dos Marcos". Lo dijo Penacho…¡Doy fé!.
Penacho, mi jefe, sin saberlo, estaba ejerciendo de vocero del reducido grupo de labradores medios del Louro arcaico que, así mismo, tenía su control ideológico en el Convento. ¡Pobre Penacho! Uno, a veces, no sabe para quién trabaja. Un día Penacho me dio una pedrada y me hirió en la cabeza. Al verme sangrar, vino hacia mí, se sacó la camisa y, con ella, me secó la sangre. Vi como lloraba. Estaba angustiado: “Non é nada Manoeliño. É só unha rabuñada. Non chores. Foi sen querer…”
Allí había un hombre bueno y sensible. Pude verlo.
Cuando, a principios de los años cuarenta, llegué a Louro, supe que Penacho había muerto. Aún no tendría veinte años…El hambre hace su labor y siempre acorta el camino. ¡Penacho!: Símbolo anárquico del primitivismo más puro y más sincero.

lunes, 27 de febrero de 2012

JOSÉ VIGO LAGO


 


                                                      Manuel da Roura

lunes, 23 de enero de 2012

Memoria histórica: MANOLO DE FERMÍN.


MANOLO DE FERMÍN.
Por Manuel da Roura.

Manolo de Fermín vivía en la Pallagheira. Era hijo del señor Fermín, quien fue sacristán de Louro por muchos años. Manolo era alto, flaco, huesudo y muy tímido. Nunca fue a la escuela y, por lo tanto, ni siquiera entendía en castellano.

            Se casó, o lo casaron, con una de A Beira. No hubo hijos. Su concuñado, el Susano, en Junio de 1936, lo convence para que lo acompañe a la siega del trigo que, por esas fechas se cosechaba en los grandes latifundios de León y de Castilla.

            Salieron a pie con intención de llegar andando, o como buenamente pudiesen, hasta la provincia de León, donde se suponía que encontrarían los primeros trigales.

            Un mes después, regresó a Louro el Susano. Llegó solo. Manolo de Fermín no vino. ¡se perdió! La explicación del Susano fue lógica, pero terrible: Allá en una estación rural del ferrocarril, por los Ancares, se escondieron los dos hombres en un  vagón de carga de un tren que acababa de llegar. El Susano se metió en una esquina del  Vagón y le dijo a Manolo que se metiera en la otra y se tapara con la lona.

            El tren arrancó y volvió a parar en otra estación, donde vigilaba una pareja de la Guardia Civil. En un intento que el Susano hizo para saber donde estaban, levantó un poco la lona y uno de los guardias lo vio. Con un gesto, le ordenó que bajara y se lo llevó a la oficina de la estación para interrogarlo. Mientras tanto, el tren reanudó la marcha y se perdió por lontananza, llevándose a Manolo.

            El Susano estuvo tres o cuatro días detenido. Luego lo pusieron en otro tren, ahora de pasajero, y, en unas horas, llegó a Santiago. De allí, y como buenamente pudo, regresó a Louro.

            Días después, ni siquiera había pasado una semana, comenzó la Guerra Civil Española.

            De Manolo de Fermín , del Manolo analfabeto, del Manolo torpe, jamás se supo, ¡se perdió!.

            Tres años después, se terminó la guerra y, a estas alturas, pasados setenta años, Manolo es sólo un recuerdo en mi cabeza. Sólo en la mia…, supongo.


lunes, 13 de diciembre de 2010

Coma os dous de Emaús...



Paseo
____

Coma os dous de Emaús, foron subindo
Por camiños cansados costa arriba;
Pedregais costaneiros, onde a chiva,
Noutros tempos, subía ó ir fuxindo.

Coma os dous de Emaús, foron saíndo
Das terras do Rial, memoria viva,
Onde eles, nun pasado, a iniciativa
Tomaran de a outros mundo irse abrindo.

Coma os dous de Emaús, na súa lembranza
Ía el no medio deles ó chegaren
Ós Carrís coa conversa, doa a doa.

Coma os dous de Emaús... A tarde avanza,
Pero aínda non é noite, ó acadaren
Os vellos petroglifos da Alta Eiroa.

(D.J. Barreiros Lago)








Anuncio de temporal
__________


Marea baixa.
Un mar negro e xusticieiro
Amosa puñetas brancas.

A area, na costaneira,
Vaise ós poucos desangrando
En fíos de auga salgada.

Un batallón de gavotas
Forma e dalle ó vento a cara.

O río do Espadanal
Andivo excavando a praia
E a planicie do areal
Deixa ver a coitelada.

O sur fai runxi-lo mar
E o tempotal avanza,
Con hostes de escuras nubes
-Cal podros desenfreados-
Preñadas de vento e chuvia
Pola Serra do Barbanza. 



( D.J Barreiros Lago)


domingo, 5 de diciembre de 2010

"Damoa" canta por BARREIROS

                   
                        A CREBA

Dise que a Illa da Creba estaba unida antigamente á terra firme por unha ponte,
que se quebrou, e cuios restos aínda se aprecian hoxendía no fondo do mar.


                                    I

Conta unha antiga lenda, que o romano,
De ambición imperial i estirpe recia,
Asoballada Hispania e máis Gallaecia,
Achegouse a adorar o Mar Oceano.

Alí observou como un suceso estrano,
(Despois de tanta loita e peripecia)
O que afirmaba a súa crenza necia:
Que o Sol contra O das augas loita en vano.

Puido ver un solpor vivo e directo
I erixir un altar ó deus Neptuno
Na ínsua, que na ría o lombo eleva.

Fixo unha ponte rexa, dun proxecto,
Para cruzaren Xúpiter e Xuno
E consagrou a Zeus a Illa da Creba.

                        MONTE LOURO

O Monte Louro é o guardián da ría e divide a Costa da Morte, da Costa da Vida (a nosa ría).
A súa silueta inconfundible lémbralle ós que saen do noso minúsculo “Mare nostrum”cara ó Mar  de fóra,
 o “M”  da Morte  e máis do perigo.

                        II

Separando as dúas costas co seu porte,
Érguese no final da que é da Vida
A silueta, pirámide escindida,
Do monte que divide Vida e Morte.

Atopamos no leste o Mar da sorte,
Con froita mariñeira ben surtida,
Por santos insulares bendecida,
Desde o confín do sur ata o do norte.

Cara ó Mar Tenebroso, o mar da Parca
Brúa nas súas costas, nas Lobeiras,
Con bramido feroz de bravo touro.

Esta dobre pirámide, que marca
O lindeiro entre calma e borraxeiras
É o contorno inxel do Monte Louro.

                        OS RÍOS DA RÍA

As augas que baixan á nosa Ría ( as do San Francisco, o Traba, o Tambre, o Tines, o Bendimón , o Riomaior,
o Xería, etc.)  descenden bendecidas polos santos á cuias capelas bican o pé.

                       
                        III

Baixan as augas doces cara á ría,
Bendecidas por virxes e por santos:
San Francisco e San Xusto os seus recantos
Acuosos soltan coma en romaría.

Chega o Tamara desde a Nicraría
I o Tines ven falar dos seus encantos
(Linfas que visten escumosos mantos,
Doados polo Campio i a María).

Descende o Bendimón xunta o Xoán,
O Riomaior, á beira da Mariña
I Estevo ve pasar ó da Rateira.

Dos montes de Sestaio baixa ó chan
O anxélico Xería i a Neviña
Remata coa súa fonte milagreira. 

                                                                      
                                                                                  E.M. Damoa



miércoles, 1 de diciembre de 2010

De Don JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO (respuesta manuscrita) a Pedro García Fernández.



Madrid, noviembre de 2010

Sr. Jiménez Lozano: permítame que me dirija a usted, enviando este escrito al periódico donde tal vez sea posible encontrarle; tengo que darle las gracias, nada más; ya se que usted no quiere ni eso, pero yo llevo leyéndole desde aquellos tiempos de la revista Destino, que aún conservo en casa, y luego sus libros de poesía, sus ensayos sobre Pascal, Teresa de Jesús, y sobre todo sus diarios; al fin, después de recorrer librerías de viejo, encontré Los Tres Cuadernos Rojos, que me faltaba; ya antes un amigo de Valladolid, ante mi insistencia se animó a mandármelo en fotocopia. Usted sabe bien cual es la belleza, la piedad, la verdad, el amor a las cosas sencillas que encuentro en sus escritos; hace algún tiempo creyéndome enfermo acabé en la habitación de un hospital, y mi mujer con buen sentido me llevó enseguida, las zapatillas, el pijama y “La luz de una Candela”; cuánto le agradecí que supiera tan bien lo que necesitaba. Ahora estoy terminando Los cuadernos de Rembrand, y volveré a releerlo cada noche, y usted sabe bien que su compañía con la de los señores Pascal, Kierkegaad, Bernanos y no tantos más, es lo que uno necesita para entender algo de este mundo, aunque no dejo de tomar nota de los autores que cita en sus libros y yo no conozco; es un gozo para el ánima estar entre los cuatro lectores que pedía Usted como el maestro Ezra Pound. Estos días, en mi balcón las enredaderas ponen su color rojo y se encogen hasta desaparecer para volver en la nueva primavera; al verlas pienso en cuantas veces sentí este misterio en sus escritos. Muchas gracias por tanta compañía en el camino. Es  una larga y hermosa relación de la que necesita dar señal, espero que me disculpe; muchas gracias.

Pedro García Fernández:
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